Me robaron y cuando intenté enfrentar al ladrón no pude ni moverme

Alguna vez me pregunté por qué en Bogotá todos caminan como si los persiguieran, con las manos en los bolsillos y mirando hacia todas las direcciones.

Pensaba que las personas exageraban; es decir, estaba consciente de que hay delincuencia en la ciudad, pero considerando que yo andaba tranquilo, me parecía un comportamiento alarmista.

¿Por qué hablo en pasado? Simple, porque hoy cambié mi opinión…

Era martes terminada la tarde y yo iba la ruta B14 de Transmilenio, estaba leyendo un ejemplar de El Caballo de Troya de  JJ Benítez, debía bajarme en la estación de Marly para hacer un trasbordo y montarme al C19 que me llevaba a mi casa después de un día lleno de trabajo.

Guardé mi libro en mi maletín, me bajé y me dispuse a esperar. Saqué mis audífonos, los conecté a mi celular, lo puse en mi bolsillo derecho y me preparé para escuchar mi biblioteca musical, empezó una buena rola de Pink Floyd seguido de una súper canción de Michael Jackson que sin duda recuerdo mucho más a partir de ese día.

Llegó el C19 y estaba lleno como de costumbre. Abrió sus puertas, no se bajó nadie, pero había un espacio justo para una persona y pensé: ¿Por qué no?

Ese espacio era perfecto para un hombre delgado como yo y me metí como pude, pero el articulado se demoró en cerrar sus puertas, como si una señal del destino me tratara de decir que subirme ahí era una mala decisión, y lo fue.

Ya se volvió costumbre…

Sonó el pito desesperante que anuncia que los portones se van a cerrar, me preparé para ser exprimido por un tumulto de gente contra el vidrio de la puerta, pero pasó algo distinto, justo un segundo antes de que se cerraran del todo para que el C19 se pusiera en marcha.

‘Who Is It’,  una excelente canción del rey del pop, se vio bruscamente interrumpida justo antes de llegar al estribillo, lo que captó mi atención percatándome que de manera anormalmente rápida, un hombre de chaqueta verde sacaba mi celular de mi bolsillo mientras las puertas se cerraban obstruyendo mi paso para confrontarlo.

El articulado reanudó su marcha mientras yo le pegaba a la puerta gritando para que se detuviera, pero después de tres segundos, me di cuenta que eso no iba a pasar y quedé en silencio lamentándome por lo que había sucedido,  viendo cómo el ladrón se alejaba casi que caminando por dentro de la estación.

Muchos dirán que di “papaya”, pero, ¿acaso los celulares no son para contestar llamadas en la calle?, ¿por qué tengo que dejar de escuchar música por miedo a que me roben?

La única realidad es que vivimos en una ciudad incierta, las personas andan alarmadas porque pareciese que la delincuencia, día a día va en aumento, y ahora  pertenezco al club de los asustados frente a una ciudad peligrosa e insegura.

¿Tienes alguna historia para contar? No lo pienses dos veces y escríbenos a contactobrodcastv@gmail.com y la estaremos publicando.

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